
En Maniac, Benjamín Labatut prolonga la exploración que ya había iniciado en Un verdor terrible: indagar en los bordes de la ciencia, allí donde el genio se confunde con la obsesión y el descubrimiento con la catástrofe.
Su punto de partida es John von Neumann, matemático húngaro de inteligencia deslumbrante, que encarna a la perfección esa mezcla de brillantez y fragilidad humana.
Labatut no se limita a narrar datos biográficos, sino que traza un retrato literario que pone al descubierto las tensiones interiores de los protagonistas de la modernidad científica. Lo que vemos no son héroes del conocimiento, sino hombres que, arrastrados por las guerras, el exilio y la presión de un mundo en crisis, transformaron sus hallazgos en armas y en estrategias de poder. Maniac muestra cómo la ciencia, lejos de ser neutra, carga con las decisiones y los miedos de quienes la producen.
El libro combina dos dimensiones que se entrecruzan: la colectiva y la personal. En la primera, asistimos al modo en que la ciencia del siglo XX se militariza y se pone al servicio de los conflictos más decisivos del siglo. En la segunda, se revelan las fisuras íntimas de sus protagonistas: la ansiedad, las crisis de identidad, las dudas éticas que los persiguen. Labatut recuerda que detrás de los cálculos perfectos habita siempre una conciencia quebradiza.
El estilo es vertiginoso, entre el ensayo, la crónica y la novela. El autor convierte teorías matemáticas y experimentos abstractos en escenas cargadas de tensión, donde el conocimiento no es un terreno sereno sino un campo de batalla. Cada página pulsa con esa dualidad: la belleza de la inteligencia y el temor de sus consecuencias.
Maniac es, en definitiva, una advertencia y un espejo. Advierte sobre los peligros de una ciencia que avanza sin freno moral, y refleja la condición humana de quienes, en su afán de comprender y dominar el mundo, se enfrentan a sí mismos. Labatut nos entrega un libro perturbador y fascinante, que nos invita a leer con asombro… pero también con espíritu crítico.