Hay libros que no miran el pasado para clausurarlo, sino para mostrar cuánto sigue operando en nosotros. La era del entusiasmo. El Chile de los noventa, de Óscar Contardo, pertenece a esa categoría.

Los años noventa fueron presentados durante mucho tiempo como la década del progreso incuestionable: crecimiento económico, modernización, consumo, integración al mundo. La transición democrática parecía acompañada por una fe casi intacta en el mercado y en la promesa de movilidad social. Era el tiempo del entusiasmo.

Contardo revisa ese período con una combinación poco frecuente: el rigor del ensayo y la sensibilidad de la crónica. No se limita a enumerar hitos políticos o cifras macroeconómicas. Reconstruye la atmósfera cultural: la televisión, la publicidad, la farándula, las nuevas elites, las aspiraciones sociales. Y en ese recorrido aparece una tesis implícita: el entusiasmo también contenía ansiedad.

El valor del libro está en su mirada holística. Política, consumo, moral pública y cultura pop no aparecen como compartimentos estancos, sino como partes de una misma arquitectura simbólica. Contardo construye una visión global de la década con una lógica implacable, mostrando cómo se fue consolidando un modelo de éxito que prometía integración, pero que también generaba silencios y exclusiones.

El ensayo, como género, permite conectar esos planos y ofrecer interpretación. La crónica aporta el detalle concreto, la escena que vuelve visible lo que parecía normal. Esa combinación convierte al libro en algo más que una revisión histórica: es un ejercicio de memoria crítica.

Leer La era del entusiasmo hoy no es un gesto nostálgico. Es una forma de preguntarnos cuánto de esa década todavía nos habita. Cuánto de nuestras expectativas, frustraciones y crisis actuales tiene raíces en aquel momento en que creímos que todo avanzaba sin fisuras.

En tiempos de diagnósticos rápidos y memoria fragmentada, libros como este nos recuerdan que entender el presente exige volver a pensar el pasado con rigor. Y que el entusiasmo, cuando no se examina, puede transformarse en mito.

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