La memoria a veces encuentra pasadizos secretos para irrumpir y golpearte la cara, voltearte la mirada, patearte en el suelo. No siempre la memoria es una Madeleine, hay veces que trae nubes y nubes para un temporal. La reciente película corena “ No hay otra opción” estrenada a finales del año pasado, se transformó en ese oscuro pasadizo.

Cuando se escribe una columna sobre una película casi siempre se parte por el director y qué otras cosas ha filmado. Eso lo vamos a dejar para el final. Lo cierto es que la película podría partir en un barrio feliz de esos que tenía la empresa CRAV en Viña del Mar, las de cemento melón en la calera  o mi barrio  de Tomé donde vivíamos todas las familias de la empresa textil. Una familia feliz se abraza. Padre trabajador incansable, una esposa que se preocupa de ponerle la corbata diariamente, dos hijos, una de ellas con un talento infinito para la música. Todo se ve demasiado feliz. Un árbol parece dejar caer semillas en medio del viento, como diciéndonos que el otoño, mes donde escribo esta columna es una estación demasiado traviesa y algo dejará caer además de las hojas.

La celulusa donde trabaja el protagonista, un Lee Byung -Hun extraordinariamente suave, torpe y vulnerable, es comprada por los estadounidenses y eso lleva a aplicar ajustes de personal, lo que significa que 25 años de trabajo ininiterrumpidos, siendo incluso el mejor trabajador del año, desaparezcan como el papel de un cigarrillo.  El terremoto emocional transforma al padre abrazador en un asesino frio, que planifica cada detalle de su estrategia para recuperar el empleo, no obstante, todo le sale mal. 25 años haciendo siempre lo mismo, con la misma máquina, las mismas personas, los mismos horarios, no permiten transformarte en un criminal eximio en pocos meses.

La película te hace reír, yo lo hice hasta las carcajadas, pero a veces la angustia, aunque esboces una sonrisa, se te aparece por todas partes, quieres que de verdad ahora todo le salga bien  al protagonista  y que esa guapa esposa, la verdadera jefa de la manada no se rinda ante la juventud de su nuevo jefe y siga creyendo en su atormentado y frágil esposo.

No sabemos si al final todo resultó bien o mal pero si sabemos que siempre hay otra opción antes de los asesinatos.  El capitalismo te dice que hay solo una, el director está convencido que hay más, pero nunca abandona a nuestro antihéroe desempleado.

Cuando quebraron las fábricas en mi pueblo, mi padre nos reunió, recuerdo que dijo “nos despidieron a todos”. Yo recuerdo que me alegré. Podría tener ahora a mi padre que me enseñara a patear al arco, a cabecear, a barrer al adversario. Muchos murieron de pena, otros de tanto beber vino. Mi padre buscó una opción en el mar y se hizo pescador.

La película coreana al final podría ser un espejo de nuestros bosques  del sur talados y reemplazados por plantaciones. Cada vez con menos trabajadores y mas máquinas. Una película muy negra para tiempos donde el papel de loco y de malo está de moda.

La dirección es de Park Chan-Wook y véanla antes que termine el otoño

Autor

Profesor de Historia y Geografía de la Universidad del Bio Bio. nacido en la galaxia de Tomé. Ha trabajado de mesero, tripulante pesquero, catador de piures y postulante fallido de defensa central. Escribe poesía cuando está enamorado.

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